Las composturas son el rincón más desordenado de casi toda joyería. Entran piezas que no son tuyas, se van al taller, vuelven, esperan a que el cliente pase, y en el medio hay un cuaderno, un sobre de papel y una etiqueta escrita a mano.
Funciona hasta que un cliente reclama una pieza que nadie encuentra. Ahí el costo no es la reparación: es la confianza.
Qué hay que registrar cuando entra una pieza
Un sobre de compostura bien cargado tiene:
- Descripción de la pieza y a qué cliente pertenece.
- Foto del estado en que entró. Es lo que resuelve, sin discusión, cualquier reclamo posterior por una piedra floja o una marca previa.
- El trabajo a realizar y el presupuesto acordado.
- Los materiales que se van a usar: gramos de metal, piedras, accesorios.
- El costo del trabajo, propio o del tercero que lo hace.
- La fecha de entrega comprometida.
La foto es el punto que más veces falta y el que más problemas evita. Sacarla lleva diez segundos y cierra la discusión antes de que empiece.
El seguimiento es la mitad del trabajo
Una reparación pasa por varios estados: recibida, presupuestada, aprobada por el cliente, en taller, terminada, entregada. Si el estado vive en la memoria de quien atendió, el cliente que llama a preguntar recibe un “déjame fijarme y te aviso” que nunca vuelve.
En OrfebreGold el módulo de sobres de compostura lleva ese circuito completo: pieza, foto, materiales, costos y estado hasta la entrega. Cualquiera que atienda puede responder en el momento en qué está el trabajo.
Las reservas van por el mismo camino
El mismo circuito cubre las reservas de joyas: una pieza apartada para un cliente es, operativamente, el mismo problema que una pieza en reparación. Está físicamente en el local, no está disponible para la venta, y alguien tiene que acordarse de por qué.
Si la reserva no está registrada en el sistema, tarde o temprano se vende una pieza que estaba comprometida.
¿El taller te deja plata?
Esta es la pregunta que casi nunca se responde, porque para responderla hacen falta los costos cargados pieza por pieza.
Con los materiales y la mano de obra registrados en cada sobre, el número aparece solo: cuánto facturaste en composturas en el mes y cuánto te costaron. Más de una joyería descubre así que estaba cobrando reparaciones por debajo del costo del metal que le ponía.
Una compostura mal presupuestada no se nota nunca en la pieza. Se nota en el balance del año.
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