Si fabricás, tu precio de venta no arranca en la cotización del oro: arranca en el costo de producir la pieza. Y ese costo tiene más partes de las que la mayoría contabiliza.
El resultado típico es un taller que trabaja mucho, factura bien y no entiende por qué el margen no aparece.
Qué compone el costo de una pieza fabricada
- El metal: los gramos que entran en la pieza, al quilate que corresponda, a la cotización del día en que se fabricó.
- La merma: lo que se pierde en el proceso. Limaduras, fundición, pulido. Es real, es plata, y casi nunca se carga al costo.
- La hechura: las horas del orfebre, propias o tercerizadas.
- Las piedras y accesorios: cierres, cadenas, engarces.
- Las terminaciones: baños, rodinado, grabado.
Cuando alguno de estos ítems se calcula “a ojo”, el error no se nota en una pieza: se nota al cierre del mes, cuando el resultado no cierra con lo que vendiste.
El problema de la cotización móvil
Una pieza fabricada en marzo con el oro a un precio y vendida en agosto con el oro a otro tiene dos costos distintos: el histórico (lo que efectivamente te salió) y el de reposición (lo que te saldría hacerla de nuevo hoy).
Los dos números importan y sirven para cosas distintas. El histórico te dice cuánto ganaste en esa venta. El de reposición te dice a cuánto tenés que vender hoy para poder volver a fabricarla. Fijar precios mirando solo el histórico es la forma más silenciosa de descapitalizarse: vendés con ganancia contable y no te alcanza para reponer la mercadería.
Cómo se ordena esto en el sistema
OrfebreGold tiene un módulo de costos de fabricación (incluido en el plan Jewelry Pro, pensado para mayoristas y fabricantes) que registra cada componente por separado: metal, hechura, piedras y accesorios. Con ese detalle cargado, el costo de la pieza deja de ser una estimación y pasa a ser un dato.
A partir de ahí, el precio de venta se calcula solo: sobre ese costo se aplica el margen y la lista de precios que corresponda, entre las hasta 8 listas que el sistema permite manejar en pesos o en dólares.
La venta por metal y hechura
Para el mayorista hay una segunda consecuencia práctica. Cuando el costo está desglosado, podés vender por metal y hechura en vez de por precio final: cotizás la pieza como “tantos gramos al valor del día más tanto de hechura”.
Es la forma en que trabaja buena parte del canal mayorista, y es la única que no te deja atrás cuando la cotización se mueve entre que pasás el presupuesto y el cliente confirma.
Si no podés responder cuánto te costó fabricar la pieza que estás por vender, el precio que le pusiste es una apuesta.
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